A la espera del sueño
20.08.2013 10:22
El anciano giró su cabeza en dirección al reloj redondo de pared que estaba colgado de un clavo oxidado; marcaba las dos de la tarde. Luego volvió a observar desde la ventana hacia la calle. Sólo se veían algunos autos que circulaban por el asfalto caliente.
En el mismo salón otro hombre de unos 90 años caminaba dando círculos y vociferando entre dientes palabras inconexas. Él, en cambio, sólo miraba; mucho no podía moverse desde su silla de ruedas y la charla ya no lo motivaba. Era un hombre de ochenta y cinco años, con pocos pelos canosos, ojos claros, nariz ganchuda y la cara arrugada como una pasa de uva.
La aguja del segundero hacía un ruido seco que resonaba en el silencio – Un día estás sentado en una silla y perdés la noción del tiempo – Clavó la vista en sus manos huesudas.
Cinco años hacía que estaba en ese lugar – Cinco – Se refirió a las veces que lo habían visitado. Ceremonias en las que reinaba un silencio en el cual la caída de un alfiler hubiera causado el mismo efecto que la explosión de un petardo en un velatorio. Sin embargo, él recordaba esos diez minutos compartidos como una chica su cumpleaños de quince.
Volvió a mirar el reloj, sólo habían pasado cinco minutos de la última vez que lo había hecho. Sabía que faltaban más de tres horas para la merienda; tenía que hacer tiempo hasta la hora del café con leche, para mojar el pan en la taza, chorrearse la camisa y que Nora, la enfermera, lo insulte por ser un “viejo inservible”.
Se lamentó por no haberles pedido a las enfermeras que lo lleven a su cama. Sentía el cuerpo cansado, los párpados insostenibles, como una puerta vaivén que vuelve a cerrarse.
Una muchacha joven, de baja estatura, pelo negro recogido y ojos oscuros, vestida con una camisa del mismo color que el pantalón celeste, limpiaba el piso cuando vio al anciano con la cabeza hacia atrás, los ojos cerrados y la boca abierta – Otra vez se quedó dormido este viejo – Se acercó a él.
- Dale despertate – Le golpeó el hombro, pero el anciano seguía sumido en su sueño sin reaccionar. La chica acercó su rostro al del veterano, el aliento que emanaba era parecido a un lácteo vencido. Apretó los dedos índice y pulgar en la muñeca del cuerpo inerte.
Giró su cabeza hacia la cocina – ¡Nora! Llamá a la familia y al doctor. Este está muerto.
Lisandro Przewolka
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Llantos en la noche
20.08.2013 13:59
Son las tres de la mañana de un miércoles de invierno en Urdampilleta, las calles de tierra se ponen blancas por la helada y el viento sopla levemente, como acariciando con cubos de hielo.
Me despido de mi novia, le doy un beso que intenta ser apasionado y ella responde de la misma manera. Pienso...
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Primer blog
16.08.2013 19:23
Hoy hemos lanzado nuestro nuevo blog. ¡Sigue atento! Te mantendremos informado. Puedes leer los nuevos mensajes de este blog a través del feed RSS.
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Me despido de mi novia, le doy un beso que intenta ser apasionado y ella responde de la misma manera. Pienso...
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